Entérate de una vez: esos deberes no sirven para nada

No te preocupes, puedes decirlo: estás harta de los deberes, son un suplicio, una tortura, un auténtico dolor. Si eres de las que cuentan los días que quedan para las próximas vacaciones o el próximo puente, con la esperanza de que las profes no hayan puesto deberes, de las que abre la agenda del cole soñando con una tarde libre, libérate, no vivas más los deberes en silencio, no son hemorroides: ¡son peor!

Deja de sufrir los deberes en silencio.

Sabemos que has intentando no quejarte, has intentado dar la talla, ser una súper mami, la mamá modelo que trabaja, hace yoga a las cinco de la mañana, cocina, lava, plancha, hace la compra, lleva a los niños a extraescolares, ayuda con los deberes y siempre va a las reuniones de padres. Sí, esas reuniones en las que sólo una madre se atreve a quejarse de los deberes. Claro, como su hijo tiene TDAH se piensa que por su culpa tienen que bajar el nivel a los demás niños. ¿TDAH? ¿Pero eso existe? Que se cambie de cole si no le gustan los deberes. Y mientras tanto las demás, se quedan todas calladas. No vaya a ser que las profes piensen que sus hijos son lentos, o tontos, o les cojan manía.

¿Estás cansada de sacrificar tiempo libre, fines de semana, puentes y vacaciones para que el niño haga los deberes?

Es fácil aguantar al principio: primero, segundo, tal vez hasta tercero de primaria convencida de que estás haciendo lo mejor, pero ¿ya te han entrado las dudas? ¿Has comenzado por fin a darte cuenta de que copiar enunciados, o páginas enteras del libro de texto no sirve para nada? ¿Estás cansada de sacrificar tiempo libre, fines de semana, puentes y vacaciones para que el niño haga los deberes? Pues bienvenida, no estás sola. Muchas de las mamis que callan en las reuniones están esperando que alguien, que no sea la de siempre, diga lo que piensa. ¿Quién será la valiente, o la loca que se atreva a hacerlo?

¿Creías que había que hacer todos los ejercicios del libro de texto para amortizar el gasto? ¿Te creíste que si tu hijo hacía muchos deberes iba a sacar buenas notas? ¿Que así iría muy bien preparado al instituto? ¿Y que solo de esa manera podría hacer la carrera que habéis soñado para él? Entérate de una vez: esos deberes no sirven para nada. Pero ¿le has preguntado en algún momento qué es lo que él quiere?

Se acabaron los trabajos de por vida. Se acabaron muchos trabajos.

Tu hijo no va a trabajar en nada parecido a lo que haya existido hasta ahora. Hacer restas con llevadas a la velocidad de la luz, saber cómo se dice glóbulos rojos en inglés, ser obediente, sumiso, tener alta tolerancia a la frustración, y seguir la impuesta cultura del esfuerzo, según los cánones más rancios de una educación decimonónica, no le van a garantizar un trabajo de por vida. Se acabaron los trabajos de por vida. Se acabaron muchos trabajos, y muchos más que desaparecerán.

¿No te has dado cuenta de cómo la tecnología está cambiando nuestras vidas? Si tanto crees en el esfuerzo ¿Por qué usas Google Maps para ir a todas partes? Venga, sácate el callejero de Madrid que así es como se ha hecho toda la vida. ¿Por qué te has comprado un Roomba? Si te frustra tener que aspirar todos los días las pelusas aguántate, resígnate. ¿Dónde está tu tolerancia a la frustración? Y deja de buscar todo en internet, menos vídeos de YouTube para aprender a cocinar unas magdalenas, y pídele a tu abuela que te dé la receta. Ah, ya, es que tú las haces con la Thermomix.

Le estás pidiendo que asuma que su vida es una porquería.

Si le pides a tu hijo que se esfuerce para tolerar la frustración que le produce, la que os produce a toda la familia, seguir haciendo deberes todas las tardes, también en verano y en navidades, haya sacado buenas o malas notas, la frustración de no poder jugar, no poder ir a una fiesta de cumpleaños, no poder quedar con los amigos… le estás pidiendo que asuma que su vida es una porquería. Porque tú has asumido que la vida es eso: esforzarse para frustrarse.

Pídele a tu hijo que se esfuerce, sí, pero para superar las frustraciones, para mejorar el futuro, no para reproducir los mismos errores que en el pasado. Las frustraciones no hay que tolerarlas, hay que superarlas. Vale la pena esforzarse por conseguir una sociedad donde los diferentes no sean los raros, una sociedad en la que a aquellos que son especiales no haya que echarlos a patadas, en la que no queramos dejarlos de ver porque nos molestan.

Solo con esfuerzo se comprende que la educación que tuvimos no es la que queremos para nuestros hijos.

Que se esfuerce por aprender con placer, por no dejar de hacerlo nunca, por no perder la curiosidad, por no dejar de querer mejorar. Que se esfuerce mucho por ser feliz, por hacer felices a los demás, por dar lo mejor de sí, por afrontar los retos, por no dejar de soñar y luchar por lo que le mueve a levantarse cada mañana y seguir viviendo.

Esfuérzate tú, porque solo con esfuerzo se comprende que la educación que tuvimos no es la que queremos para nuestros hijos. Esa educación nacida en la revolución industrial no lo va a convertir en mejor persona, no le amargues la vida ahora por un futuro que has planeado pensando en el pasado, sin ni siquiera tener en cuenta el presente. Nuestro presente nos da ya muchas pistas de que todo está cambiando.

Mientras tu hijo se aprende el callejero de Madrid de memoria, otros recorren el mundo entero con Google Maps. ¿Qué te parece? Si quieres lo mejor para él, reconócelo, deja de hacer el paripé. Deja de sufrir los deberes en silencio, y da la cara, por el bien de tu hijo. Entérate de una vez: esos deberes no sirven para nada.

Foto: Exhausted by Lesley Scott. En Flickr.